La ʻprofeʼ Nancy Aragón se jubila de las aulas, pero su legado continuará enseñando en cada generación que ayudó a formar
Después de más de cuatro décadas dedicadas a la educación la profesora Nancy Yolanda Aragón Barrera inicia una nueva etapa de su vida. “La jubilación”. Se retira de las aulas, pero deja una profunda huella en cientos de estudiantes y en las instituciones educativas donde entregó sus conocimientos, su disciplina y sobre todo su cariño por enseñar.
La historia de la profe Nancy con la educación en Casanare comenzó en la década de los 80, cuando llegó desde su hogar que la vio crecer en el municipio de Somondoco Boyacá como integrante de una familia profundamente vinculada a la docencia. Sus hermanas Neyla Cecilia, Luz Alba y Gladis Yaneth, también siguieron el camino de la docencia formándose como Bachiller Pedagógico en la Normal Nacional del Valle de Tenza en tierras Boyacenses, y posteriormente como licenciada en Básica Primaria en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.
Ejemplo y humildad
En 1981 la docente inició su recorrido en el municipio de Maní, donde durante varios meses impartió sus conocimientos en la Escuela Rural La Consigna siendo fundadora donde se laboró en una casa llamada Soledad porque su propietario no vivía allí, los asientos eran trozos de madera sostenidos con tablas.
Luego hizo una permuta para la Escuela Rural El Viso, laborando varios años y posteriormente logró su traslado para el Colegio La Campiña del municipio de Yopal desde 1.990 a 1.992, luego en 1.993 continuó labores en el Colegio Lucila Piragauta y a partir de 1.994 continuó su extensa trayectoria en el Colegio del barrio La Campiña que la llevaría a permanecer durante décadas al servicio de la educación.
Formó generaciones de niños y niñas que hoy convertidos en adultos y padres de familia recuerdan con gratitud a aquella profesora que marcó sus primeras letras en la vida académica.
Nancy fue una maestra cariñosa con sus estudiantes de primaria, pero también de carácter firme. Para ella enseñar significaba exigir, corregir y acompañar, incluso en tiempos de pandemia estuvo pegada a su computador esperando a sus niños que se conectaran para comenzar la clase. No dudaba en llamar la atención cuando era necesario con el propósito de que sus alumnos adquirieran los conocimientos y valores que les permitieran continuar con éxito su formación.
Su legado
Con una sonrisa recuerda que una de las mayores satisfacciones de su profesión es encontrarse con aquellos primeros estudiantes que tuvo en las aulas y descubrir que hoy son profesionales, trabajadores y padres de familia, aunque perdió la cuenta de cuántos niños pasaron por sus clases sabe que son muchas las generaciones que hoy pueden decir: “La profe Nancy también fue parte de mi historia”.
Su legado no está solamente en los cuadernos las calificaciones o las lecciones impartidas. Está en cada estudiante al que orientó en cada consejo en cada corrección y en cada palabra de ánimo que entregó durante sus años de servicio.
Ahora después de tantos años frente a un tablero entre borradores, tizas, marcadores, cuadernos y pupitres la profesora Nancy Aragón cuelga simbólicamente sus herramientas de trabajo, para disfrutar de una merecida jubilación junto a sus seres queridos.
Quedan anécdotas entre sus compañeros y colegas, los recuerdos y las historias compartidas durante tantos años en las aulas y pasillos de las instituciones educativas.
Más que una despedida, fue un *gracias*.
Gracias, profesora Nancy por tantos años de entrega, paciencia y dedicación. Gracias por enseñar, por corregir, por acompañar y por creer en sus estudiantes. Gracias por haber contribuido a formar generaciones de niños y jóvenes que hoy llevan consigo una parte de sus enseñanzas.
Redacción Periodista Jesús Martínez